
| Imagen ilustrativa que muestra una sesión de terapia infantil [ 👇 ] o una actividad educativa centrada en la inteligencia emocional
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La meta cuando hablamos de la crianza adecuada es llegar a preparar a nuestros hijos e hijas para que sobrevivan de forma independiente en la edad adulta. Para que lleguen a ser autosuficientes, no solamente desde el punto de vista económico, sino también intelectual y psicológico.
Una frase que escribió Nathaniel Branden en su libro Los seis pilares de la autoestima , quien es considerado un auténtico experto en este tema, aporta una sabia reflexión para el tema en cuestión:
Nathaniel Branden La paternidad consiste en dar a tu hijo primero raíces (para crecer) y luego alas (para volar).
Stanley Coopersmith intentó por medio de un estudio identificar las conductas que usaban con más frecuencia los padres/las madres cuando sus hijos/as manifestaban una autoestima sana.
¿Cómo podemos definir o confirmar que una persona tiene una sana autoestima?, una persona que disfruta de la vida, muestra interés por el mundo que le rodea, participa y da su opinión, expresa sus sentimientos siendo consciente de poder recibir críticas. Esta misma persona se siente mejor siendo vitalista y actuando, tratando a los demás con respeto y aceptación de las diferencias.
En el estudio Coopersmith no halló correlaciones significativas con factores como la riqueza familiar, la educación, la zona geográfica, la clase social, la profesión de los padres o el hecho de que uno de los progenitores estuviera en casa.
Lo que encontró fua la importancia de la calidad de la relación entre el hijo/a y los adultos importantes de su vida.
En concreto, encontró cinco condiciones asociadas a una alta autoestima en los niños/as:
1- El niño /a experimenta una total aceptación de los pensamientos, sentimientos y el valor de su propia persona.
2- El niño/a funciona en un contexto de límites, definidos, justos, no opresores y negociables. No se da una libertad ilimitada y por tanto, puede experimentar una sensación de seguridad.
3- El niño/a experimenta respeto hacia su persona. Los adultos no utilizan la violencia, la humillación o el ridículo para controlar o manipular. Los padres están dispuestos a negociar las reglas familiares dentro de límites fijados. Se pone énfasis en la recompensa y refuerzo de la conducta positiva. Mostrando interés por la vida social del hijo/a, por su vida académica y estando disponibles para hablar cuando el niño/a lo necesita.
4- Los adultos tienen normas y expectativas por lo que respecta al comportamiento y al rendimiento de sus hijos/as. No son ni demasiado altas ni se muestran carentes de interés por el futuro de los niños/as.
5- Los propios adultos encargados de la crianza tienen una autoestima equilibrada y el niño/a ve ejemplos de lo que tiene que aprender.
De todos modos, la conclusión del estudio insiste en que la conducta de los padres no determina por completo el curso del desarrollo psicológico de los niños/as. Tomamos decisiones a lo largo de nuestra vida que tienen consecuencias sobre el tipo de personas que llegamos a ser y el nivel de autoestima es un concepto flexible, cambiante y que se adapta a nuestro momento presente.
Al comienzo de su vida el bebé, al ser tan dependiente, tiene necesidades básicas por lo que se refiere a la conducta de los padres demanda seguridad física y emocional. En este nivel se sientan las bases para que los pequeños/as aprendan a confiar en los demás.
Mediante los experimentos con bebés se sabe que el tacto es esencial para el desarrollo sano del niño/a. Mediante el tacto enviamos una estimulación sensorial que ayuda al niño/a a desarrollar su cerebro y también expresamos amor, apoyo, protección.
En los primeros años de vida, el niño y la niña tiende a observar, conocer su entorno y a las personas que lo rodean. Aprende a identificar roles familiares, acciones internas y externas, adquiriendo conocimiento de cada uno de estos elementos. Sin embargo, es a partir de los 6 y 7 años donde tienden a desarrollarse y armar su propia personalidad tanto física como emocional, es durante esa edad y hasta los 12 años que pasan por un proceso educativo y continuo de sus emociones, desarrollo humano, bienestar personal y social, las cuales terminan definidas de manera permanente al entrar en la adolescencia.
También, en ese rango de edad los niños y niñas tienden a aprender cómo adaptarse a los cambios, sin embargo, un suceso histórico como el que se vivió, fue un cambio muy brusco para todas y todos. Incluso hasta adultos han sufrido con este repentino cambio. En la vida de los más pequeños y pequeñas puede generar emociones negativas como pánico, estrés, ansiedad, rabia y miedo.
Los niños/as que crecen con escasa experiencia de contacto a menudo crecen con un profundo dolor en su interior, dolor que es difícil de asumir y que normalmente se reprime, bien evitando el contacto íntimo con otras personas (expresando sentimientos de temor y falta de valía) o por medio de la promiscuidad sexual en un esfuerzo inconsciente por curar heridas, pero desde la humillación.
Como madres y padres es imprescindible desarrollar técnicas de aprendizaje socioemocional que ayuden nuestros hijos e hijas en situaciones complicadas donde su calma se vea sobrepasada por su estrés, miedo o ansiedad. Entre las cuales, una forma de ayudar a conocer sus sentimientos pueden ser:
- Platicar con él/ella sobre el tema que le tiene desconcertado
- Contestar a sus preguntas en un tono neutro y hacerle ver que sus sentimientos importan
- Es normal sentir lo que está sintiendo y que está bien sentirlas y expresarlas con respeto y calma, explicándoles que son situaciones pasajeras.
Expertos en psicología, aseguran que nunca hay que dejar a la niña o niño solo cuando se sienta en una situación de pánico, ansiedad o estrés, ya que puede hacerlo sentir solo e incluso tener la idea de falta de interés por parte de su madreo o padre.
En primer lugar, es importante que las niñas y niños comiencen a conocer desde muy pequeños sus emociones y comenzar a trabajar en ellas con ayuda del adulto, inculcar el respeto hacia lo que otras personas pueden sentir al igual que el respeto al pensamiento propio, es una de las claves para desarrollar los pilares de una sociedad empática y respetuosa.
Es completamente normal que tu hija o hijo tenga cientos de preguntas sobre temas que le pueden crear incertidumbre, miedo, estrés o ansiedad, tal como los efectos de la pandemia o cosas demasiado simples como la oscuridad, los animales, situaciones del día a día, entre otros. Ante todas estas preguntas, lo importante es escuchar para detectar el origen de la situación y hablar con claridad haciéndolo sentir cómodo con sus emociones y tranquilizarla/o a través de respuestas claras, concisas y objetivas de acuerdo a su edad.
Muchas veces, las emociones presentadas en su mayoría son transmitidas por la madre o padre, por lo que hay que tener especial cuidado sobre cómo les hablamos o cómo nos vemos ante ella o él.
Otra de las acciones que pueden ayudar en la situación emocional de las niñas o niños son las palabras. Expresarles y hacerlos sentir queridos con palabras como “te quiero”, “yo estoy aquí”, “no estás solo/a”, entre otras, ayudan a que se sienta en un entorno seguro concentrando sus emociones y su enfoque en otras situaciones.
| Imagen ilustrativa que muestra una madre dando afecto a su hijo
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Inculcarles a respetar con disciitempronplina las rutinas diarias saludables como lavarse los dientes, irse a dormir, la hora de la comida, ver televisión, realizar actividades didácticas, entre otros, ayuda a la niña o niño a sentirse en un entorno relajado y seguro. Al igual que adquieren conocimientos, además de identificar las rutinas adaptándolas a su estilo de vida, creando un ser humano disciplinado que se encarga de sus necesidades básicas e individuales.
Limitar el acceso al uso aparatos electrónicos y noticias diarias, ayuda a que tu hija o hijo a no saturarse de información, evitando que el estrés y la inactividad aumenten en el entorno en el que se desarrolla. Lo que se recomienda hacer actividades familiares que los ayuden a aprender y canalizar su energía en acciones positivas, tal como preparar un pastel, realizar manualidades, aprender a cocinar, mostrarles cómo doblar su ropa, hacer un juego de preguntas y respuestas, juegos de mesas, entre otras cosas.
Mantener a la niña o niño activo, ayudará a regular y a equilibrar los químicos cerebrales encargados de las emociones y a mantenerla/o saludable, por lo que es importante realizar actividad física de acuerdo a su edad para activar su mente y cuerpo.
Como padres o madres, hay que recordar la importancia de las emociones en los primeros diez años de vida del niño/a, ya que estás definirán al adulto que será toda su vida y serán la base de cómo se enfrentará a distintas situaciones el resto de su vida.
Cuando tratamos a un niño/a con amor tiende a interiorizar este sentimiento y a experimentarse a sí mismo/a como alguien digno de cariño. El amor se expresa por la expresión verbal, por los cuidados que damos.
Tenemos que estar muy atentos porque el amor no se siente como algo real cuando siempre se vincula al rendimiento, a la conformidad con las expectativas de los adultos y se retira de vez en cuando para manipular la obediencia. El amor no se siente cuando se reciben mensajes sutiles del tipo: “No eres suficiente”-
La aceptación, como actitud de los padres es útil para el desarrollo sano del niño/a; la experiencia de que su naturaleza, su temperamento, intereses y aspiraciones son aceptados tanto si sus padres los comparten como si no.
Un niño /a que recibe respeto de los adultos tiende a aprender a respetarse a si mismo/a.
Sentirse visible, observado, escuchado con atención. En psicoterapia, es frecuente el dolor de la invisibilidad en la vida familiar cuando se recuerda la infancia y es un factor central en los problemas de desarrollo y de inseguridades en las relaciones que se mantienen de adultos. Por ejemplo: si un niño/a viene de clase y cuenta con tono triste que no ha podido participar en un juego, la madre o el padre se pondrá en su lugar, empatizando con su sentimiento: “Entiendo que te haya dolido”. El niño/a se siente visible. Sin embargo. imaginemos la misma situación y una respuesta adulta del tipo:” Eso que me has contado no serán imaginaciones tuyas, o algo habrás hecho mal para que no cuenten contigo”.
El elogio y la crítica. A veces, un elogio inadecuado puede ser tan perjudicial como una crítica inadecuada.
En psicoterapia se evita el elogio valorativo, porque crea ansiedad fomentando la dependencia y provocando una actitud defensiva. No propicia la confianza en uno mismo, ni el autocontrol. Tiende a crear “adictos a la aprobación”. En cambio, cuando respondemos de forma positiva y respetuosa a los esfuerzos del niño/a por expresarse a si mismo/a , estimulamos su autoafirmación.
En cuanto a la crítica, tiene que dirigirse solamente a la conducta, los hechos y nunca a la persona.
Trabajar las emociones es algo esencial desde la infancia para el desarrollo personal de los niños. Con esta actividad se fomentan sus habilidades sociales, dándoles las herramientas para trasladar a su entorno cómo se sienten y así comunicarse de manera efectiva.
En este sentido, las actividades para trabajar la emociones son fundamentales en el trabajo del terapeuta, ya que si los más pequeños las comienzan a desarrollar en el aula derivarán con el paso de los años en adultos con mayor estabilidad emocional, capaces de controlar lo que sienten y de expresarlo para comunicarse mejor con el entorno y consigo mismos.
[🚀] La terapia suele utilizar tarjetas visuales con expresiones faciales (caritas) para ayudar a una niña a identificar y comunicar sentimientos como la alegría o la tristeza. Este tipo de actividad es común para desarrollar la inteligencia emocional y la comunicación en niños.
El objetivo principal de las actividades de educación emocional es fomentar que los niños aprendan a reconocer sus emociones y diferenciarlas entre sí, sabiendo expresar cómo se sienten en cada momento, uno de los pilares básicos de la disciplina positiva.
El juego es una de las herramientas fundamentales del desarrollo infantil, ya que permite a los más pequeños aprender de manera dinámica y natural, fomentando su creatividad e imaginación, así como su capacidad de socialización. Por este motivo, debe estar adaptado a las necesidades y gustos del niño, así como a las características típicas de su etapa evolutiva.
Teniendo en cuenta estos aspectos, se pueden definir diferentes tipos de juegos para trabajar las emociones que impliquen un mayor o menor nivel de dificultad y que se integren de manera natural en la rutina de aprendizaje del aula infantil.
- Puzzle de las emociones. El terapeuta dispone sobre la mesa una serie de emociones (alegría, sorpresa, rabia, miedo) y le facilita a los niños imágenes con diferentes personajes experimentando diversas emociones. De manera autónoma o guiados por el educador a través de ejemplos, los niños deberán colocar todas las imágenes en la emoción correspondiente.
- Adivina la historia. Mostrándole las ilustraciones de un libro infantil basado en las emociones (‘El Gran Libro de las Emociones’, ‘El Monstruo de Colores’) el educador pide a los niños que cuenten de qué creen que trata la historia y los sentimientos que están sintiendo los personajes. De esta manera, además de trabajar las emociones, los niños desarrollarán su creatividad e imaginación a la vez que aprenden empatía, siendo capaces de ponerse en la piel del personaje de la historia.
- Teatro de las emociones. El educador cuenta una historia y divide a los niños en grupos según los diferentes personajes que aparecen en la narración. Cada vez que intervenga uno de estos protagonistas, preguntará al grupo correspondiente cómo se siente su personaje y deberán contestar sin palabras, haciendo mímica para representar la emoción que quieren transmitir.
- Dibuja cómo te sientes. Este juego es una de las actividades para trabajar las emociones más útil para el educador, ya que además de permitir al niño reconocer qué es lo que está sintiendo, es muy útil para ayudar a calmarlo en momentos de rabieta. De esta manera, cuando el niño se muestre enfadado o triste, se le pedirá que dibuje cómo se siente en un papel. Cuando termine, se le volverá a pedir lo mismo, para ver si ese sentimiento se ha reducido. Así, el pequeño se concentrará en el dibujo, calmándose poco a poco y aprendiendo a su vez a detectar la graduación de sus sentimientos.
- Bingo emocional. El funcionamiento de este juego es sencillo, similar al del bingo tradicional. Para ello, el educador deberá diseñar unas plantillas siguiendo el modelo de las de este juego de azar y en cada casilla pondrá una imagen que represente un sentimiento. Se repartirán los folios con las plantillas a los niños y deberán ir tachando las que vaya diciendo el educador. El primero que logre tachar todas las emociones, tendrá un premio. Con esta actividad, se potencia además la atención y la escucha activa.
Estas son solo algunas actividades para trabajar las emociones en infantil, aunque existen otras muchas que le permitirán a los niños aprender a detectar estos sentimientos tanto en sí mismos como en sus compañeros y familiares mientras desarrollan otras habilidades, ya sea a través de la música, la psicomotricidad o la memoria visual.
A medida que vayan creciendo, irán desarrollando otras actividades de educación emocional más complejas, en las que aprenderán a trabajar la empatía con los demás, la identificación de sus cualidades y de las cosas que les motivan. De esta manera, irán acrecentando su autoconocimiento personal para llegar a ser adultos equilibrados.
La Psicoterapia infantil es un tema que despierta preguntas cuando los padres notan cambios en el comportamiento, el ánimo o el rendimiento escolar de sus hijos. A veces no se trata de “malcriadez” ni de una etapa pasajera, sino de emociones que el niño aún no sabe expresar y que comienzan a manifestarse a través de conductas que preocupan en casa o en el colegio.
Buscar orientación adecuada puede marcar una diferencia significativa en su desarrollo emocional. Profundizar en este tema te permitirá comprender mejor lo que ocurre, reconocer señales tempranas y tomar decisiones conscientes para fortalecer la seguridad, la confianza y el bienestar integral de tu hijo.
La Psicoterapia infantil es un proceso de terapia psicológica para niños orientado a comprender y acompañar el mundo emocional del niño desde su etapa evolutiva. No se trata solo de “hablar de lo que pasa”, sino de crear un espacio seguro donde pueda expresar lo que siente a través de los recursos que le resultan naturales: el juego, el dibujo, las historias y la imaginación. Su propósito es fortalecer la salud mental infantil desde una mirada respetuosa y profesional.
| Imagen ilustrativa de aplicacón de la Psicoterapia infantil
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A diferencia del trabajo terapéutico con adultos, la Psicoterapia infantil no se centra exclusivamente en la palabra ni en el análisis racional de los problemas. El niño comunica mucho más de lo que dice; su conducta, sus juegos y sus silencios también hablan. Por eso, el proceso se adapta a su forma de comprender el mundo, integrando a los padres como parte fundamental del acompañamiento emocional, sin invadir el espacio propio del niño.
En este contexto, la Psicoterapia infantil funciona como un puente entre lo que el niño siente y lo que aún no puede explicar. El juego terapéutico no es entretenimiento, es un lenguaje simbólico que permite elaborar miedos, conflictos y cambios importantes. Cuando se le ofrece este espacio, el niño no solo alivia su malestar, sino que desarrolla recursos internos que fortalecen su seguridad y su capacidad para afrontar desafíos futuros.
Por último, me gustaría terminar esta reflexión sobre la autoestima señalando la importancia que tienen las expectativas de los adultos.
Como ya hemos visto antes los adultos tienen normas y exigen a los niños/as que sean responsables por sí mismos. Promueven que aprendan, dominen los conocimientos y consigan una madurez cada vez mayor.
Hasta aquí todo correcto, pero debemos ser conscientes de que nuestras expectativas tienen que ajustarse al nivel de desarrollo del niño /a y respetar sus cualidades.
La forma en que respondemos los adultos cuando ellos /as se equivocan puede ser fatal para su autoestima. No debemos olvidar que cometer errores es una parte esencial de todo aprendizaje.
Enseñamos lo que somos. Tampoco es necesario dar a entender a nuestros hijos/as que somos perfectos, podemos admitir sin perder su respeto que también nos equivocamos.
